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CUIDANDO NUESTRO FUTURO

  1. Los ciudadanos solemos dar por sentado muchas situaciones cotidianas, de las cuales muy poco reflexionamos, sea por desconocimiento o por otro tipo de intereses cotidianos.  Así sucede con el manejo de nuestros impuestos que, a pesar de parecer completamente ajenas a nuestro día a día, terminan siendo de resorte fundamental de los ciudadanos del común.  Mi objetivo es abrir los ojos a las principales fuentes que ponen en riesgo el desarrollo de una sociedad:
  2. La corrupción y su control: este manido tema, aún imposible de cuantificar en su dimensión, es una mezcla de causas culturales y personales que se hacen complejas de atacar.  Pero dentro de este tema, es importante tener en cuenta el costo de los órganos de control.  ¿Está siendo más costoso construir un engranaje estatal para supuestamente atacar la corrupción, pero que realmente se ha convertido en un activo jugador político que pocos resultados palpables trae a la sociedad?
  3. El asistencialismo: cualquier inversión que no se haga con una finalidad de desarrollo social tiene visos de asistencialismo.  El merecimiento y la contraprestación deben ser fundamentales para que los ciudadanos accedan a los recursos del Estado.  Los regalos demeritan la capacidad de los ciudadanos, bloquean su creatividad y sólo crean mayor dependencia a la mediocridad.
  4. La burocracia: el crecimiento constante de personal en las entidades estatales hace que la inversión en desarrollo sea más riesgosa.  La premisa debe ser: más trabajo que personas.  Los gobernantes más ventajosos se aprovechan de un instrumento adicional: a través contratos de prestación de servicios aumentan la burocracia, y no los hacen pasar como gastos de funcionamiento, como debería ser, sino que los esconden en gastos de inversión.  Esto sin contar con la bien conocida clientela que se monta para épocas electorales.
  5. Las prebendas a servidores públicos: mientras que en el sector privado cada vez se busca la mayor eficiencia en cada persona, en el sector público se encuentran una cascada de asistentes, secretarias, choferes, escoltas, gastos de vehículos, gastos de celulares, en fin, unas prebendas innecesarias para gran cantidad de servidores públicos.  Una cantidad desmedida de gastos que no aportan valor al ciudadano, y que lo único que hacen es engordar la nómina estatal.
  6. Las demandas al Estado: carteles de abogados y de avivatos pretenden desangrar el fisco a través de constantes demandas al Estado.  Los jueces, de manera irresponsable, se han dedicado a crear una jurisprudencia en la que el Estado termina respondiendo hasta por el último respiro de todos sus servidores.  Esta fatal combinación tiene una fórmula explosiva: el enriquecimiento de unos pocos a expensas del bolsillo de los demás ciudadanos.
  7. Las pérdidas de empresas estatales: el mal manejo de muchas empresas estatales generan inversiones enormes de dineros públicos que nunca se verán representadas en mejoras para los ciudadanos.  Aunque estos ejemplos han venido disminuyendo con el paso del tiempo, vemos casos constantes de empresas en las que el Estado participa cuyas pérdidas son inaceptables para cualquier inversionista racional.  Las empresas de televisión pública son de las más visibles por sus malos manejos, pero siguen al servicio del gobernante de turno para su antojo de comunicación y el pago de favores a amigos.
  8. Las pensiones a cargo del Estado: una de las bombas sociales más complejas de atacar, pues debido a una combinación de abusos de funcionarios y jueces, mala planeación pública y cambios demográficos inatajables, los costos de pensiones crecen a una tasa muy superior a la que lo hace la economía.  Es hora de atacar de raíz esta bola de nieve.
  9. Los retrasos en obras públicas: contratistas con la mirada pasiva de gobernantes de turno generan cuantiosas pérdidas por retrasos en entrega de sus obras: pérdida de competitividad, costo de oportunidad del dinero estatal, incomodidades constantes a la ciudadanía, detrimento a establecimientos de comercio con su respectiva disminución de ingresos de impuestos al Estado.
  10. La publicidad estatal: nos hemos acostumbrado a ver numerosas piezas publicitarias anunciando programas o logros de ejecutorias de gobernantes.  Nuestros impuestos llenan los bolsillos de medios de comunicación particulares, sin generar ningún beneficio al ciudadano, mas sí a quien tiene la chequera pública para levantar su ego.
  11. A muchos gobernantes de turno les encanta derrochar nuestros recursos.  El principal control no depende de unos órganos con alto contenido político.  El verdadero control se presenta cuando una ciudadanía activa cuestiona y participa en el destino de sus recursos.  La próxima vez que usted se enfrente a una de las anteriores situaciones en las que probablemente no había pensado antes, pregúntese cómo quiere que sea su futuro y el de sus hijos, y si quiere tolerar que sigan ocurriendo tal como ha sido hasta el momento.  Es tiempo de actuar.

Julio de 2012

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